Sexo y audífonos

Cuando hago publicaciones lo que busco es que sean útiles, que enseñen algo o que entretengan. Si además de eso obtengo feedback ya sea a través de las redes sociales o por comentarios en el blog, estoy más que satisfecho con el resultado. Pero a veces el feedback da miedo. A veces preferirías no haberlo recibido por las conclusiones a las que acabas llegando. Este ha sido el caso de la publicación de hoy. No porque haya sido un comentario negativo, sino porque me ha hecho pararme a pensar.

Para poneros en situación recibí un mensaje a través de la página de contacto que tengo en la cabecera del blog. En dicho mensaje me daban las gracias por hablar con naturalidad del uso de audífonos en la entrada de la música ya no suena como antes. Y me planteaban la siguiente pregunta:

He notado que hay diferencias a la hora de tener sexo con los audífonos puestos y quitados. ¿Me podrías decir si a ti te pasa igual?

En aquel momento me quedé paralizado, como los conejos cuando ven los faros de un coche acercarse rápidamente a su posición. En aquel mensaje me daba ejemplos y detalles adicionales que no voy a comentar, pero me llamó mucho la atención porque hasta el momento de recibirlo no había sido consciente de que efectivamente, había diferencias. Curiosamente la persona que me contactó no tiene discapacidad visual, pero me hizo unas observaciones que coinciden con las conclusiones a las que finalmente acabé llegando. Después de un rato de sudores fríos me quedé pensando en cómo afrontar aquella situación.

  1. Primero pensé en hacer ver que no me había llegado en ningún momento el mensaje y seguir con mi vida como si nada.
  2. Cuando se me fue pasando la impresión inicial me dije a mi mismo, bueno, siempre puedes contestar en privado y de paso, le agradeces el haberse tomado la molestia de leer el contenido y escribirte.
  3. Pasaron unas cuantas horas y todavía no había tomado ninguna decisión. Pero el tiempo iba pasando y mientras pensaba en la respuesta que podía darle seguía dándole más vueltas de lo normal. Empecé a reflexionar, y fui llegando a ciertas conclusiones…

Si llevas un rato leyendo la entrada seguro que sabes la decisión que he tomado. Finalmente he elegido el camino más complicado, aparte de responder en privado de una forma algo más detallada he decidido tirarme a la piscina y contarlo por aquí de forma resumida. He tenido la entrada bastante tiempo guardada en borradores porque no me decidía a hacerla pública, pero me encontré con esta entrada: amor y sexualidad en la discapacidad, informar o callar. Y pese a que me sigue dando mucho corte me he animado a publicarla finalmente. A lo mejor te preguntas por qué no hablo también de las diferencias que hay al hacerlo viendo o sin ver. La respuesta es que al ser ciego de nacimiento no he notado nunca una diferencia, para mí toda mi vida ha sido así. Es como si me pusiese a hablar de colores. En cambio la pérdida de audición ha llegado unos cuantos años después y ha habido una transición de oír sin problemas a la situación actual.

  • Cuando no llevo los audífonos puestos, estoy más atento a cualquier gesto a nivel corporal y las sensaciones referentes al tacto se agudizan. También soy consciente de que al escuchar mi propia voz atenuada, no quiere decir que el resto del mundo deje de escucharme igual que antes. El no llevarlos tiene su aquel, porque prestas más atención a distintos aspectos, incluso experimentas una cierta sensación de vulnerabilidad. Al final es como que pones plenamente toda tu confianza en el otro. En mi caso siempre es así, pero es cierto que en esta situación se hace más presente.
  • Cuando los llevo puestos es como que me tengo que esforzar menos para escuchar y entender qué me están diciendo, como en el resto de situaciones del día a día, vaya. Aunque hay alguna diferencia a cuando escuchaba bien, al ser un territorio en el que no suele haber otros sonidos que interfieran y las distancias no son muy amplias… Al ir colocados dentro del oído no molestan, Quizá para los que tienen algún problema de visión podría compararse con llevar las lentillas puestas o quitadas. Eso sí, siempre y cuando no sean de los que apagan la luz…

Pequeño experimento

Después de mi primera respuesta siguió el intercambio de mensajes. En el segundo de ellos, me comentaba que no sabía cómo hacerle entender a su pareja que a veces estaba más a gusto con los audífonos puestos y otras prefería quitárselos. Pensé en muchos ejemplos para explicárselo, pero finalmente creí que lo más práctico era que lo experimentase por sí mismo.

Le comenté que su pareja podría probar a ponerse tapones para los oídos y así notar la diferencia. Porque al final por mucho que te expliquen, Si no lo pruebas por ti mismo, te pueden poner mil ejemplos, pero nunca lo experimentarás en primera persona. Puedes pensar que los tapones no aíslan del todo, y es cierto. Pero al no tener una pérdida total de audición cuando no se llevan los audífonos, se escuchan los sonidos atenuados pero todavía somos capaces de percibirlos. Es un experimento muy barato y fácil de adquirir, tanto en farmacias, droguerías y tiendas por internet.

Eso sí, como comentaba más arriba hay que tener en cuenta que se escuchará más atenuada la propia voz. Así que además de ser consciente de ello puede estar bien acordar un gesto para que la persona que oye perfectamente nos avise si nos estamos viniendo arriba. No vaya a ser que pase el tapicero por debajo de la ventana y se nos escuche más a nosotros. Para los que no sepáis de que os estoy hablando, es una furgoneta que pasa por las calles con un altavoz en el techo a un volumen bastante generoso anunciando distintos tapizados para sillas y sofás. A continuación incrusto un vídeo para que os podáis hacer una idea.

Por Éric Duarte

Me gusta escribir de todo aquello que me llama la atención. Se me da bien todo lo que conlleve procedimientos en un orden establecido, como por ejemplo, redactar manuales, eso que nadie lee. Suelo publicar todos los lunes una entrada de tema variado y algunos viernes, cuando tengo algo nuevo que contar sobre #NosEntrevistamos

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