Mis motivos para no renovar la solicitud de perro guía

Explico por el proceso de enfermedad que pasó Mike y los motivos por los cuales no quise renovar la solicitud de un nuevo perro guía. Lo hago porque normalmente se cuenta únicamente la parte positiva. Este otro aspecto únicamente lo conocen personas de confianza o que nos preguntan directamente, no es algo que se suela explicar a las primeras de cambio.

Antes de nada, aclarar que son mis motivos, que habrá usuarios que cumplirán alguna o varias de las razones que expongo y aun así decidirán renovar la solicitud. Otros, en cambio, tomarán la misma decisión que yo tomé en su momento. Mi decisión estuvo motivada por un cúmulo de circunstancias, que sumadas globalmente hacían que me decantase por no renovar.

Proceso de enfermedad

A mediados de Mayo de 2020, cuando empezaron a levantarse los confinamientos estrictos y volvía al trabajo notaba a Mike algo más cansado, creía que sería por estar unos meses con poquísima actividad y que ya tenía 10 años. Pasadas unas dos o tres semanas empezó a tener unas diarreas con bastante frecuencia, lo achaqué a que podía ser porque alguien le proporcionase comida en el trabajo sin que yo me enterase, incluso llegué a preguntar a los compañeros a ver si ellos habían visto algo raro o le estaban dando ellos mismos, pero me decían que no. En aquel momento empecé a ir al veterinario para tratarle el síntoma digestivo ya que no había indicios de que pudiese ser otra cosa.

A finales de Junio fuimos al pueblo a casa de los padres de Lara y Mike empezó con vómitos. Pensamos que no sería nada, que habría comido algo cuando los soltamos en el campo. Al día siguiente íbamos a llevarlos a la casa que tienen con huerto para soltar a los perros y a que se diesen un baño en una piscina que habíamos comprado para ellos. Decidí dejarlo en el piso aquella vez para que no pudiese comerse nada y acabase de recuperarse. Poco rato antes de preparar las cosas para volvernos a nuestra casa lo veía algo apagado, pero no le di importancia. El problema fue a la hora de bajar las escaleras, era como que las patas traseras no le respondían y solo usaba las de delante para bajar los escalones. Viendo esa situación y que era domingo, en cuanto llegamos a Alicante, decidimos ir de urgencias a un veterinario que abría 24 horas. Le hicieron algunas pruebas pero lo seguían asociando a algo digestivo. Nos lo llevamos a casa pero no parecía que mejorase. Sobre el miércoles, como seguía cada vez más débil, lo llevamos a nuestro veterinario de referencia y decidimos ingresarlo para que estuviese monitorizado y con suero puesto por si había perdido muchos minerales por los vómitos y diarreas anteriores.

Mientras estaba ingresado una veterinaria que no había tratado anteriormente con él, al verle la cola pelada se le ocurrió que podría ser que tuviese la hormona de la tiroides baja. Le hizo una analítica y efectivamente la tenía por los suelos. A los pocos días empezamos con el tratamiento. Lo de la cola sin pelo, yo no lo achacaba a una enfermedad porque un par de años atrás se la había pillado con una puerta y desde entonces era como que iba perdiendo pelo progresivamente. Me alegré porque parecía que ya estaba todo solucionado y además, las pastillas se las comía como si le diese un premio. Me sorprendió mucho esto porque con el resto de pastillas no era un perro que se las tomase fácilmente. De hecho cuando se acercaba la hora de dárselas, al ir notando que empezaba a encontrarse mejor pasada una semana o así, él mismo me venía a buscar para que se las diese. Parecía que se iba recuperando y el pelo de la cola empezaba a crecerle. Pasamos aproximadamente un mes y medio más o menos estabilizados. Algún día de cacas un tanto blandas pero en general empezábamos a subir la cuesta. Los veterinarios achacaban a la tiroides que siguiese teniendo problemas digestivos porque entendían que tenía todo el metabolismo ralentizado.

A finales de Julio volvía la debilidad. Una noche no quiso comer. En aquel momento lo llevamos de urgencias a nuestro veterinario de referencia para que le hiciese pruebas y a ver si conseguíamos un diagnóstico. Le siguieron unas ecografías (llevaba barias echas previamente de todas las veces que habíamos ido). Pero todo apuntaba a lo mismo, así que me proponen cambiar a un pienso bajo en grasa para facilitar la digestión, porque además aparecía el hígado inflamado. Afrontamos el cambio con cierto pesimismo, puesto que en ningún momento veíamos que hubiese una mejoría que nos hiciese ver la situación con optimismo. Antes de hacerle el cambio de pienso vi que el perímetro del abdomen empezaba a ser importante, fue entonces cuando tomé la decisión de hacer una hoja de excel apuntando las mediciones que le hacía con una cinta métrica. Anotaba mediciones por la mañana, mediodía y noche. La primera en ayunas, y la de mediodía y la noche a las pocas horas después de empezar a hacer la digestión. Con el nuevo pienso parecía que se reducía el perímetro, pero a las pocas semanas volvió a aumentar y estábamos casi en 15 centímetros más de cuando empecé las mediciones.

Todo esto mientras le daba omeprazol para el estómago y diversa medicación porque también le apareció un poco de arenilla en los riñones. A principios de septiembre empezó con diarreas y yo a penas dormía por las noches porque no veía que la cosa fuese a mejor y no parecía que diésemos con la causa.

La última semana me di un paseo un poco más largo con bastón y con correa porque lo vi muy animado aquella mañana. Parecía que seguía bien pero cuando llegó la noche empecé a notar que se le hinchaba la cara y como que jadeaba mucho porque le costaba respirar. Aquella mañana de lunes me fui con un malestar impresionante a trabajar porque no sabía en qué situación podía encontrármelo al volver. Desde el trabajo llamé al veterinario y le comenté la situación y me dijo que lo llevase esa misma tarde. También comenté en el trabajo que la situación no pintaba nada bien, que lo mismo tendría que faltar en algún momento. La verdad es que se portaron genial, porque no me quedaban permisos y el contrato se me acababa justo la semana siguiente.

Por la tarde, nada más verlo me dijo que iba a pedirme cita en el hospital veterinario al día siguiente, que caía en Martes a las 12:00 para que lo viese un especialista de la sangre. Pasamos la noche bastante mal porque jadeaba mucho, le costaba respirar y notaba que se encontraba muy cansado. Me fui por la mañana al trabajo y avisé de que tendría que irme a las 11:30 para llevarlo al hospital. Desde el trabajo me dieron todas las facilidades posibles y cuando llegó la hora cogí un taxi desde el trabajo a casa. Mientras subía a por Mike le dije al taxista que me esperase, que iba a coger a un perro guía y que seguidamente nos íbamos al hospital veterinario. Lara también se pidió un permiso de asuntos personales y cogió otro taxi desde su trabajo al hospital.

Nada más ver el aspecto de Mike me dijeron que iban a hacerle una ecografía de corazón. Ahí se vio que tenía cáncer en la pared del corazón y justamente esa masa hacía que le costase respirar, y oprimía una arteria que era la que hacía que presentase los problemas respiratorios, digestivos, de la hinchazón de la cara y cuello. En aquel momento me dijeron que lo más probable sería que fuese un cáncer terminal y que había un 99% de posibilidades de que fuese maligno. Me había gastado tantísimo dinero, que aunque fuese un 1% de opciones quería descartarlas, así que le hicieron una biopsia y ratificaron el diagnóstico. Justo estaban haciéndosela y me llamó el veterinario de la escuela porque había contactado con él mediante correo electrónico para explicarle la situación. En cuanto le expliqué el punto en el que estábamos me dijo que iniciábamos la jubilación, que veía muy poco probable que acabase bien, y si así fuese se merecía descansar. YO llevaba casi seis meses sin guiar con él, así que para mí no significaba nada aquel papel. Justo al colgar la llamada me dijeron que efectivamente, por el tamaño y en el lugar donde se encontraba no se podía operar y por lo tanto no había nada que hacer, sólo tratamiento paliativo. Me dieron una cantidad impresionante de medicación.

Por la noche aunque le había dado la medicación lo veía respirar con la boca muy abierta y como que se le hinchaba todo el cuerpo del esfuerzo que tenía que hacer para llenar los pulmones de aire. Aquella noche después de barias de no dormir a penas, a eso de las 2 de la madrugada caí de agotamiento. Aquel día me fui al trabajo con un sentimiento de impotencia impresionante. Ya tenía la decisión medio tomada pero en cuanto abrió el veterinario llamé para acabar con toda esta situación. A parte me volví a poner en contacto con la escuela para hacerles saber que la jubilación no iba a llegar a tiempo, puesto que estaban ellos como titulares de Mike les pedí que me autorizasen la decisión. El veterinario se comportó muy bien y en menos de media hora tenía la autorización firmada en mi correo.

Cuando llegué a casa a medio día estuve con él, le di de comer el pienso de siempre, con una lata de atún y cosas de comida humana que tenía por casa. En cuanto Lara salió de trabajar nos fuimos todos paseando muy despacio al veterinario, dejando a Mike oler todo lo que quisiera y al ritmo que él marcase. Iba solo con correa como los últimos meses. Finalmente murió el Miércoles 23 de Septiembre de 2020, 6 días después de cumplir 11 añazos.

Es frustrante toda esa sensación de impotencia el pensar que se podría a ver echo algo antes, aunque desde el primer momento lo intentaste todo y más. Incluso el sentirte culpable por tomar la decisión de dejarlo descansar y sentir cierto alivio al saber que ya no lo está pasando mal. Lo que más me dolió fue el verlo siempre dispuesto a salir a la calle aunque estuviese malísimo. Llegó a diferenciar cuando cogía su correa o únicamente el bastón para irme a trabajar, él mismo sabía que entonces se quedaría solo en casa.

Mis motivos para no renovar

Antes de exponer la cantidad de motivos por los que tomé esta decisión quería comentar un aspecto. Cuando hablaba con la gente de que Mike ya estaba algo malo, la afirmación o pregunta que me hacían era.

Te pedirás otro, ¿no?

Cuando el comentario lo hace alguien que no tiene discapacidad, puedes tener algo más de empatía con esa persona porque no entiende cómo puedes apañarte sin ellos. Antes de tener un perro guía he usado bastón toda mi vida y aquí estoy, sigo vivo.

El problema es cuando la afirmación te la hace algún usuario de perro guía, aquí es cuando me hierbe la sangre. ¿No puedes entender que no quiera saber nada de la renovación hasta que el perro que tengo actualmente esté estabilizado? ¿Te parece raro que quiera encargarme únicamente de este perro que me ha dedicado más de media vida a guiarme y acompañarme? Y bueno, esto ya no es una pregunta, pero no me gustaría ser el perro de esos usuarios, porque parece un intercambio de auxiliares de movilidad en vez de animales que, aparte de hacernos sentir una conexión brutal con ellos merecen que les prestemos toda la atención en las mejores circunstancias. Con esto no quiero decir que el que renueva sea un mal usuario, sino que quien pide otro perro lo haga pudiendo prestar la mejor atención posible a ambos, o teniendo un plan de contingencia para dejar al anterior en buenas manos cuando llegue el próximo.

Mucha gente me decía que podía iniciar la solicitud y luego rechazarla si mis condiciones de vida no cambiaban. Pero no me parecía ético y también se le sumaba que no lo tenía claro. También que desde el momento que se inicia la jubilación, o en este caso la muerte, contaba con un año de tiempo para pensarme si la iniciaba. Ahora sí, voy a exponer el cúmulo de circunstancias que me hicieron tomar la decisión de no renovar la solicitud.

  • Me quedé bastante tocado por todo el proceso que he contado antes.
  • Justo la semana después de su muerte se me acabó el contrato de trabajo.
  • Estaba perdiendo audición y en aquel momento todavía no tenía un diagnóstico ni audífonos. Me sentía fatal porque cuando Mike estaba malo estaba muchas noches sin dormir a penas porque estaba muy pendiente de si hacía algún sonido y como ya escuchaba poco era como que tenía que prestar el triple de mi atención a cualquier mínimo sonido que pudiese percibir.
  • Al mes siguiente pasamos por un proceso de barias operaciones de Heiby que se alargaron mucho en el tiempo. Y la situación no mejoró hasta que cambiamos a otro veterinario especializado en su tratamiento.
  • Cuando encontré trabajo fue en la venta del cupón. Y sí, había vendido previamente con Mike en el kiosco, y precisamente por eso no quería que otro perro mío estuviese en esa situación. Sé que muchos usuarios los tienen así y me parece bien, pero yo no quería repetir esas experiencias de encontrarme en un kiosco el cual es posible que se le estropee el aire acondicionado. Que si nosotros lo pasamos mal, me cabreo al ponerme en el lugar de como lo pasan ellos.
  • Un mes después me puse los audífonos y me sentía cómodo al ir con ellos. Teniendo en cuenta que llevaba varios meses utilizando el bastón, aunque necesité unas pequeñas clases de rehabilitación para reaprender a usarlo y orientarme con la nueva percepción que me otorgaban los audífonos.
  • Tampoco tenía energía para empezar todo el proceso de adaptación de nuevo, ese exceso de energía y ganas de hacer trastadas que traen cuando son jovenzuelos.
  • Unos meses después se me acabó el contrato de la venta del cupón. Y teniendo en cuenta mi situación económica y la vida que llevo ahora, que a penas salgo de casa, porque no trabajo y estoy haciendo un curso online, creo que ha sido la mejor decisión dejar pasar el plazo, porque mantener a un perro tiene unos costes fijos asociados, y dichos gastos pueden aumentar mucho en época de enfermedad. Tampoco descarto volverlo a considerar en un futuro. Pero con mis circunstancias actuales creo que puede estar mucho mejor con otro usuario que le saque más provecho.
  • De lo que me alegro es que nos mudamos de piso antes de que Mike se pusiese enfermo. Anteriormente vivíamos en un cuarto sin ascensor y sin zonas verdes para sacarlos, únicamente podíamos ponerlos en asfalto. En el piso nuevo podemos ir caminando en tres direcciones distintas. Y a menos de una manzana de distancia tenemos zonas con tierra y césped para que puedan disfrutar del paseo, contamos con ascensor y el piso es más fresco en verano.
  • También es interesante, que antes de pedirlo tenía cierto miedo a hacer rutas nuevas, pero una vez que tuve a Mike se me fue quitando. Al volver al uso del bastón es como que esa iniciativa se me ha quedado, aunque a veces pueda tener algo de reparo al necesitar usar el GPS con los audífonos mientras voy andando.
Publicados
Categorizadas como perro guía

Por Éric Duarte

Me gusta escribir de todo aquello que me llama la atención. Se me da bien todo lo que conlleve procedimientos en un orden establecido, como por ejemplo, redactar manuales, eso que nadie lee. Suelo publicar todos los lunes una entrada de tema variado y algunos viernes, cuando tengo algo nuevo que contar sobre #NosEntrevistamos

2 comentarios

  1. Ojalá hubiera más personas con los valores y con la empatía que transmites en este post. Desgraciadamente, la mayoría los considera herramienta de trabajo y cuando no sirven para guiar les sobra.
    Lo que no hay nunca nunca que olvidar, es que antes de perros guías son perros, y como PERROS, necesitan pasear (sin trabajar), oler, jugar y sin el peso del arnés en el lomo.

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  2. Sonará paradójico porque nunca he tenido perro guía (y no me lo planteo), pero he sentido una identificación con tus motivaciones, impresionante. Lo de no plantearme perro guía no va solo de vivir en Venezuela, sino de la idea de no poder darle todo lo que pudiese necesitar. Y mira que no soy del tipo de personas que humaniza a los animales, pero tengo para mí que un guía canino merece entenderse como un compañero, más que como una herramienta que pueda facilitar la movilidad.
    Gracias por compartir tu experiencia.

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